viernes, 12 de febrero de 2016

Barroco en Mexico


ARQUITECTURA

Más o menos hacia mediados del siglo XVII, se comenzaron a manifestar renovadores cambios en la arquitectura de la ciudad de México. Obedeciendo a una tendencia de carácter universal, se produjo una tensión entre los arquitectos conservadores y los de vanguardia de aquella época; esto es, entre quienes todavía consideraban válida y vigente la arquitectura manierista y entre aquellos que, buscando una mayor riqueza de expresión, comenzaron a desarrollar y a incorporar en sus obras los nuevos elementos barrocos prefigurados en la poesía de la época.
Cuando finalmente parecía que en Nueva España se abandonaban los ejemplos inspirados en la antigüedad grecolatina, que había importado la corriente renacentista y de cierta manera se buscó dar expresión plástica a los anhelos libertarios de los criollos, a través de ella. Fue por eso que la arquitectura barroca europea fue modelo de la novó hispana a lo largo del siglo XVII.
En un principio el barroco en la arquitectura tuvo en México condiciones de la más moderna vanguardia, por eso no se adoptó inmediatamente en las obras que ya habían empezado a construirse como en el caso de las catedrales: las de México, Puebla, Oaxaca, Pátzcuaro y San Cristóbal de las Casas y Guadalajara, fueron un ejemplo de esto aunque, por supuesto, cuando estuvieron terminadas se le agregaron detalles del estilo que estaba en boga. En este sentido, algunos historiadores consideran que, por ejemplo, con las portadas de las naves laterales y la portada principal son el principio del barroco salomónico en México.
Es así como en este siglo se inicia la producción importante de la arquitectura barroca. Durante este período, hasta cuyo inicio la arquitectura se expresara de una manera más bien sobria, con tendencias clasicistas arraigadas en el barroco español, el nuevo estilo adquiere madurez; llegando finalmente, en el siglo XVIII, hasta su máxima expresión en las formas del churrigueresco. Desprendiéndose del refinado culteranismo de la poesía que le fue contemporánea, el arte barroco en la arquitectura, la escultura, el labrado de maderas y la orfebrería nunca pretendió ser entendido por la razón ni por la inteligencia, sino por los sentidos; buscando fuertes efectos emocionales en el espectador.
En el barroco mexicano surge la voluntaria alteración en las proporciones de los elementos arquitectónicos; la multiplicación y realce de las formas en los arcos, la incorporación en los frontones de abundantes, irregulares y realzadas molduras. La columna se convierte en pilastra exuberantemente ornamentada; se decoran todos los entrepaños; las líneas se rompen hasta el infinito, y la talla y la escultura se convierten en elementos decorativos definitorios de la fábrica de los edificios. 
La arquitectura religiosa y civil de nuestra capital siguió los cambios favorecidos por la prosperidad creciente del virreinato. Los conventos y mayorazgos criollos tuvieron residencias cada vez más ostentosas, las fortalezas se convirtieron en grandes palacios, los que lucían desde la fachada los escudos y armas de sus propietarios para revelar su riqueza y su importancia.
En la Nueva España, pues, se exploraron nuevas opciones compositivas. De esta época datan inmensa cantidad de construcciones como la portada original del Templo de Santa Trinidad, la iglesia de Santa Clara y la reconstrucción de San Agustín.
Entre los constructores que contribuyeron a caracterizar la primera mitad del siglo XVII destaca fraile Andrés de San Miguel, hermano lego de los carmelitas descalzos: él construyó el conjunto del Desierto de los Leones en Cuajimalpa, el colegio de San Ángel y los conventos de Querétaro, Salvatierra y San Sebastián, por ejemplo.
En este siglo, el XVII, se fundaron también diez parroquias en la Ciudad de México: entre ellas, el sagrario, Santa Catarina, Santa Veracruz, Santiago Tlatelolco, Santa María la Redonda y San Francisco.
También se construyeron hospitales como el que fundó Zumárraga que después fue la Academia de San Carlos y el de San Antonio Abad y muchos conventos, como el de San Jerónimo, San Bernabé y el de San José de Gracia.
Típicas del barroco son las grandes volutas o aletas que sirven para ligar y unir armoniosamente dos puntos situados a diferente altura. Se colocan en las fachadas de las iglesias y también resuelve la relación entre la base amplia de una construcción y la de la cúpula más estrecha dando al edificio un perfil unitario y contrarrestando el empuje de la cúpula.
La decoración es exuberante, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones. Los motivos son naturalistas. También se hace policroma combinando mármoles de distintos colores.
El espacio interior adquiere un carácter unitario en el que se combinan armoniosamente la arquitectura, la escultura y la pintura. En las iglesias ricos retablos adornan todas las capillas.
En el exterior el edificio se hace fachada y se concibe con el fin de incrementar la belleza de la calle o de la plaza. La decoración de estas fachadas se distribuye siguiendo un ritmo que se acentúa y concentra en el centro, así como los elementos salientes respecto al muro (pilares, columnas, frontones etc.) que también son reagrupados en el centro que domina sobre los lados.
Muchos estudiosos consideran que el siglo XVII virreinal fue un siglo esencialmente arquitectónico.

Catedral de Mexico D.F

Catedral de Guadalajara.

Convento San Jeronimo-Mexico D.F

Oaxaca-Mexico

IGLESIA SANTA PRISCA-TAXO,MEXICO.


LATINOAMÉRICA: UN BARROCO PROPIO

LATINOAMÉRICA: UN BARROCO PROPIO


El evidente auge social y económico de los principales virreinatos motivó la llegada del barroco a Latinoamérica en los siglos XVII y XVIII. El ambiente reinante en la América colonial constituyó un terreno fecundo no solamente para la expresión barroca definida desde España, sino más aún, para despertar el protagonismo del barroco latinoamericano.

Sobre las ruinas de los imperios prehispánicos se edificaron las ciudades coloniales. Y después de más de un siglo de conquista, fue en el período barroco cuando comenzaron a erigirse las más hermosas y representativas construcciones latinoamericanas. La teatralidad del citado estilo iba a quedar expresada en iglesias, templos y palacios, que se convirtieron en el punto de referencia del nuevo espacio urbano. Construidas por encargo de las élites, las primeras obras arquitectónicas, pictóricas y escultóricas siguieron los rasgos generales del barroco europeo, aunque poco a poco cada región alumbró edificaciones con características particulares. La geografía, las zonas sísmicas y los distintos materiales existentes determinaron la aparición de nuevas técnicas y un peculiar sentido estilístico.

Cabe mencionar que fue en la llamada América Nuclear –zona en la que estaban instalados la mayor parte de los pobladores y culturas indígenas–, donde se asentaron las distintas administraciones virreinales. Por tal motivo, Mesoamérica, la región andina y el Circuncaribe constituyeron los más importantes territorios coloniales y, por ende, los que posibilitaron la máxima expresión del barroco latinoamericano. México, Perú y Guatemala brillaron sobremanera dentro de este escenario; Ecuador, Colombia (Nuevo Reino de Granada), parte de Bolivia, Chile, Argentina, Costa Rica, Cuba y Panamá, por su parte, lograron destacadas interpretaciones. Caso aparte es el de Venezuela, que debido a su reducido número de habitantes, sus escasas minas y su aislamiento respecto a las grandes expediciones españolas, se incorporó tardíamente a la corriente barroca.

Al igual que la geografía y la economía determinaron el desarrollo de los grandes virreinatos, la diversidad étnica imperante en la época fue decisiva para la constitución del barroco latinoamericano. Indígenas, mulatos, criollos y mestizos trabajaban en talleres o gremios artesanales, donde se dividían en las categorías profesionales de oficiales y “aprendices de maestro”. Al mismo tiempo, pensadores, literatos y músicos comenzaban a encontrar su voz y a ver cómo su búsqueda creativa en pos de una identidad propia empezaba a dar sus frutos. Todos ellos contribuyeron a dejar a un lado la fuerte influencia europea para dar paso a un barroco, marcado por la originalidad y la prolijidad natural, que suponía una genuina expresión enriquecida con el pasado indígena y el presente americano y una búsqueda de afirmación constante.

El barroco latinoamericano continuamente habitó espacios transgresores. Los arquitectos y escultores experimentaron con nuevas técnicas, materiales, texturas, contrastes, planos, colorido e imaginería. Las pinturas se llenaron de ángeles de “color quebrado” –testimonio de la diversidad étnica–, vestimentas nuevas y variadas, colores más brillantes, paisajes ideales y ornamentación de pan de oro. La prosa ganó en complejidad y la poesía se llenó de metáforas; la música recibió influencias ricas y diversas, origen de corrientes posteriores. Figuras como Juan Tomás Tuyru Tupac (¿?-1718), sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), Diego Quispe Tito (1611-1681), Melchor Pérez de Holguín (1665-1724), Juan Correa (1646-1716), Cristóbal de Villalpando (ca. 1645-1714), Miguel Cabrera (1695-1768), Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) y Antonio de Salazar (1650-1715) caminaron por un sendero distinto al trazado por Europa y por el que América transitaría hacia su identidad cultural. 


ARQUITECTURA BARROCA 


Con ciudades virreinales de primera importancia debido a su ubicación geográfica, sus recursos mineros y su riqueza natural, México y Perú poseen, con sus particularidades respectivas, las obras arquitectónicas más representativas y vigorosas del barroco latinoamericano. Fue en estos países donde los arquitectos experimentaron con los recursos constructivos y decorativos que otorgaron un seña identidad propia a la arquitectura del continente. Los muros de paramento liso y las fachadas rematadas con frontones curvos y truncados con efectos cromáticos debido a sus sillares de gran colorido son elementos distintivos del barroco latinoamericano. También lo son las fachadas enmarcadas por dos torres laterales, como las de las catedrales de Oaxaca y de la ciudad de México, y la de la iglesia de los jesuitas en Cusco, Perú. Piedras como el tezontle y la chiluca, el trabajo en yeso, el ladrillo, el azulejo, la plata y hasta el maguey (la pita), se incorporaron de manera natural en las edificaciones.

Dotados de características comunes, los edificios barrocos de América también desarrollaron algunas particularidades regionales. Así, por ejemplo, la columna salomónica (con el fuste contorneado en espiral), aparecida por primera vez en México en el siglo XVII, y el estípite, un pilar en forma de pirámide invertida, se convirtieron en elementos distintivos del barroco mexicano. Por su parte, los constructores de Perú y Guatemala desarrollaron la técnica de la quincha, un tejido de cañas atadas con cordobanes aglutinados en barro utilizado para levantar edificaciones resistentes a los constantes movimientos sísmicos de la zona.

La catedral de la ciudad de México, que constituyó un paradigma para el continente, es la obra barroca más grande del mundo. Su construcción se inició en 1572, de acuerdo con el proyecto de Claudio Arciniega y Juan Miguel Agüero. La edificación consta de una planta de cruz latina, tres naves y siete capillas y reúne elementos pertenecientes a diferentes estilos, como el herreriano, el plateresco y el neoclásico. A lo largo de tres siglos de trabajos, se fueron incorporando magníficas soluciones decorativas y constructivas de estilo barroco. Digna de destacar es su fachada, imponente y luminosa, en la que se combinan elementos barrocos y neoclásicos. Mención aparte merecen el Retablo de los Reyes y el Sagrario Metropolitano. El primero, obra de Jerónimo de Balbás, introdujo los estípites como nuevo elemento arquitectónico. Estas peculiares columnas tendrían, más tarde, una fuerte influencia en la arquitectura de la Nueva España. Además de esta notable innovación artística, también contribuyeron al magnífico resultado final el trabajo artesanal y la inspiración indígena. 

Por su parte, el Sagrario Metropolitano, obra de Lorenzo Rodríguez considerada por los especialistas como parte fundamental del ultrabarroco mexicano, posee un altar principal atribuido al escultor Pedro Patiño Ixtolinque. 
En Querétaro, tres son las obras arquitectónicas más significativas: la iglesia de Santa Clara, el convento de Santa Rosa de Viterbo y el templo y convento de San Agustín. La primera es admirada por sus hermosos retablos tallados, el coro y las puertas de hierro forjado del púlpito y el vestíbulo; la segunda deslumbra por su coro alto, sus bellísimos retablos y un púlpito con incrustaciones de plata, y marfil, y la tercera, por su majestuoso pórtico donde sobresale la escultura de El Señor de la Portada. En Puebla, la utilización de azulejos de colores, cerámicas vidriadas y excelsos trabajos en yesería distinguieron a sus construcciones. Ejemplo y obra maestra es la excepcionalmente bella capilla del Rosario, alguna vez denominada "la octava maravilla". Son ejemplos también notables la parroquia de Belén y el templo de la Compañía de Jesús, en Guanajuato, así como la iglesia de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, considerada una de las joyas del barroco hispanoamericano. 

En Perú se encuentran notables manifestaciones del barroco latinoamericano. Las condiciones climáticas del país andino y su región sísmica determinaron las características de sus edificaciones y materiales. Lima, Cusco y Arequipa constituyeron los tres grandes centros de esplendor del barroco peruano. La ciudad de Lima es escenario de imponentes ejemplares arquitectónicos: el Portal del Perdón de la catedral, el convento de San Francisco, este último caracterizado por elementos que otorgaron uniformidad de estilo a obras posteriores, y el palacio de Torre de Tagle, con su hermosa portada, balconadas de madera y patio con dobles arcos mixtilíneos. Cabe mencionar también el convento de San Agustín, que se construyó con el concepto de nave única, bóveda de cañón y cúpula en quincha.



La ciudad de Cusco, antigua capital de los incas, está rodeada de bellas construcciones del barroco colonial. Las fachadas son altas y delgadas, profusamente labradas a modo de retablo y enmarcadas por elevados y estrechos campanarios. En ellas queda reflejado el gran aporte de los artífices indígenas, quienes desde el siglo XVI ya utilizaban materiales autóctonos como el maguey, que sustituyó al cedro. Por su parte, la catedral de Cusco, erigida entre 1560 y 1664, posee en su interior una de las mayores muestras de orfebrería barroca de Latinoamérica. En cuanto a la ciudad de Arequipa, esta desarrolló un estilo muy sui generis del barroco, como demuestra la iglesia de la Compañía de Jesús, construida sobre una capilla subterránea. El templo tiene una fachada de piedra perfectamente labrada y su altar mayor es de madera tallada revestida de pan de oro. Dos capillas acentúan aún más su belleza: la de Lourdes y el antiguo oratorio de San Ignacio de Loyola. 

Barroco en Latinoamerica

IMPORTANCIA DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN LA IDENTIDAD DEL ESPACIO EXISTENCIAL AMERICANO




Desde una perspectiva actual, que valora la riqueza cultural de los pueblos y sus rasgos de identidad, el barroco se presenta como uno de los momentos más interesantes de la historia de la arquitectura. Este no significa una decadencia del Renacimiento, sino su clímax: los conflictos inherentes a la cultura fueron superados, y no porque fueran resueltos sino porque se tomó conciencia de ellos y se transformaron en una energía productiva”. Esta síntesis inclusiva del siglo XVIII es capaz de incorporar las peculiaridades regionales, articulando la pluralidad de contenidos en una manifestación estética unitaria y verdaderamente sintética a pesar de su diversidad formal.

El barroco introduce una forma diferente de expresión del mundo a partir de la percepción propia de cada sujeto. De esta manera la arquitectura se define no solo por el contexto cultural y la personalidad de quien la produce sino también por quien la recibe, entendiendo al hombre como constructor de su propio espacio existencial. Este, va a ser el producto de la conjunción de la cultura donde se desarrolla la obra y de quien la decodifica. Si abordamos su estudio a partir de la definición de los conceptos arquitectónicos esenciales: el espacio y sus límites; el color, la luz y la decoración pero entendidos como producto de una sociedad en un espacio y en un tiempo determinado, podremos establecer las variaciones que lo singularizan y le dan identidad. Se trata de un análisis metodológico el modo en que esta arquitectura da respuesta a los condicionantes espacio-temporales.

En América, la conquista significó la desarticulación del espacio existencial indígena a partir de la destrucción de las estructuras físicas que albergaba sus experiencias vitales y simbólicas. Frente a la pérdida de su mundo, el indígena conserva en su mente el recuerdo de sus experiencias ancestrales que rescata e integra en una organización espacial diferente. La estructuración simbólica y su relación con la naturaleza van a referir a su propia cultura, aun cuando el marco arquitectónico y urbano responda a concepciones europeas. El hombre americano se manifiesta entonces, como generador de nuevas entidades formales impregnando las previamente concebidas de otros significados. Es precisamente en los siglos XVII y XVIII, con el barroco, donde la arquitectura y su espacio arquitectónico serán la expresión del espacio existencial verdaderamente americano. Pero este no tendrá una única lectura ya que será la manifestación de los espacios existenciales de los distintos grupos que integran la sociedad.
Al incorporar estas premisas en el estudio de la arquitectura hispanoamericana se puede inferir que, la existencia en América de “diferentes mundos sensorios”, sustentados en la multiplicidad étnica y cultural de la sociedad virreinal, va a originar diferentes experiencias espaciales pautadas por las estructuras cognitivas de quienes perciben. El valor del barroco americano radica precisamente en su capacidad intrínseca de ser capaz de expresar el espacio existencial de los distintos grupos sociales y culturales de la América del siglo XVIII.
Las raíces del barroco iberoamericano se encuentran claramente en España donde, ya antes de pasar a América, se establecen diferencias con las expresiones germánicas y austríacas. La arquitectura hispánica en los distintos períodos históricos presenta una identidad que la singulariza y distingue del resto de Europa. Las condiciones sociales y culturales de la península, especialmente en Andalucía, por la influencia islámica, le brindan una pluralidad y diversidad que le permite asimilar con mayor facilidad el contacto con América. La arquitectura española e hispanoamericana van a constituir la mejor expresión de la “síntesis barroca “tanto en su dimensión cultural como formal. La arquitectura barroca va ser la vía a través de la cual la sociedad colonial del XVIII pone de manifiesto sus expectativas coloniales.

A medida que la colonización se va afianzando el indígena empieza a manejar con mayor libertad las estructuras formales traídas por los europeos, a las que ya ha asimilado a sus propias formas y técnicas. La impronta indígena va a ir adquiriendo progresivamente una mayor libertad expresiva lo que se hace más evidente en el barroco. Éste al tener una menor sujeción a rigurosas pautas estilísticas va a permitir la manifestación de rasgos estéticos netamente americanos. Características que no son plenamente europeas ni indígenas sino el producto de la aculturación gestada durante el siglo anterior.
Luego de varias generaciones de hijos de españoles y mestizos nacidos en el nuevo mundo, la sociedad virreinal va adquiriendo una identidad verdaderamente americana que la diferencia de las pautas culturales europeas. El espacio, el ambiente natural y el tiempo en el que construyen sus referentes existenciales ya no son los mismos. Por lo tanto en las manifestaciones artística se va diluyendo la relación con las fuentes y asumiendo una identidad netamente americana.
Estos espacios son la manifestación de la síntesis cultural alcanzada por el barroco americano que va a potenciar y desarrollar las experiencias vitales de distintos grupos sociales y étnicos. Esta afirmación no implica negar las tensiones existentes en una sociedad compleja y muchas veces antagónica pero es precisamente en el arte y en la arquitectura barroca donde la diversidad americana encuentra el ámbito apropiado para la integración. Una comunión de formas, que sin proponérselo, permitió y alentó la pervivencia de los diferentes espacios existenciales americanos.





Obras arquitectonicas importantes

Edificaciones del barroco

Italia fue la capital del barroco tanto en arquitectura como en arte. Ejemplos de la arquitectura barroca italiana son:

– Basílica de San Pedro. (Roma) Fachada de Carlo Maderno (1607-1615) y el domo de Miguel Angel (1546-1564)


– El Gesú (Roma) Diseñado en 1568 por Giacomo Vignola y Giacomo della Porta. (Finalizada en 1575-1584)


– Plaza de San Pedro, Vaticano, Rome. Por Gianlorenzo Bernini (c. 1656-1667)

– Pantheon, Paris. Por Jacques Germain Soufflot (1756-1797)

– Paris Opera, Paris. Por Charles Garnier (1857-1874)

– Varszinhaz (Teatro), Buda. De Farkas Kempelen (1786)
–  Grassalkovich Castle (Roayl Castle of Godollo), Godollo. Por Antal Grassalkovich (Mid-1700s)
– Palacio de invierno, St. Petersburg. Por Bartolommeo Rastrelli. (1754-1762)

– El Kunstkammer, St. Petersburg. Por Mikhail Zemstov, Gaetano Chiaveria, Georg Johann Mattarnovi and Nicolaus Herbel (1718-1734). (foto)



Al igual que Italia, Francia lideró el movimiento barroco algunos edificios del barroco francés:

– Chateau de Versailles, Versailles.  Construido por Andre le Notre, Louis le Vau, Jules Hardouin-Mansart, Charles le Brun, Robert de Cotte and Ange-Janques Gagriel (1661-1744)


Los jesuitas fueron los principales impulsores de las iglesias barrocas de Hungría. Algunas de ellas:
– Iglesia Jesuita de Nagyszombat. Por Pietro Spozzo (1629-1637)

Ejemplos de Arquitectura barroca en Rusia

–  Catedral de Smoly, St. Petersburg. Por Bartolommeo Rastrelli (1748-1764)


- Opera París.


 -Interior Catedral de Toledo.


-Oculo Catedral de Toledo.


-Opera de París.



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Principales Exponentes de la arquitectura:

GIOVANNI BATTISTA LORENZO BERNINI 1598- 1680

  
         

 Fue uno de los artistas más sobresalientes del barroco italiano. Su actividad artística no se reduce a la escultura, también fue un gran arquitecto, pintor, dibujante y escenógrafo; concibió espectáculos de fuegos artificiales, realizó monumentos funerarios y fue autor teatral. Su arte es la quintaesencia de la energía y solidez del barroco en su apogeo. En la escultura, su gran habilidad para plasmar las texturas de la piel o de los ropajes, así como su capacidad para reflejar la emoción y el movimiento, eran asombrosas. Bernini introdujo cambios en algunas manifestaciones escultóricas como los bustos, las fuentes y las tumbas. Su influencia fue enorme durante los siglos XVII y XVIII, y puede comprobarse en la obra de maestros como Pierre Puget, Pietro Bracci y Andreas Schlüter. Toda su vida la dedicó al trabajo y su trayectoria se caracteriza por el gran número de proyectos que emprendió. Desarrolló su carrera casi por completo en Roma, aunque había nacido en Nápoles el 7 de diciembre de 1598. Su padre, Pietro Bernini, un escultor de talento del manierismo tardío, fue su primer maestro. Sin embargo, pronto el hijo superó al padre, según señalan las principales fuentes de información sobre Bernini: la biografía de Filippo Baldinucci (1682) y la de su hijo Domenico Bernini (1713). Muchas de sus primeras esculturas estaban inspiradas en el arte helenístico. La cabra Amaltea amamantando a Zeus niño y un joven sátiro (que últimamente se cree es de 1609, Galería Borghese, Roma) es un ejemplo típico del gusto por lo clásico del entonces joven escultor. Los grupos escultóricos de maestros anteriores, como Giambologna, se caracterizaban por el hecho de haber sido concebidos para poder ser rodeados por el espectador y ser vistos desde diferentes ángulos. Sin embargo, los grupos escultóricos de Bernini de la década de 1620, como El rapto de Proserpina (1621-1622, Galería Borghese, Roma), presentan al espectador una visión desde una perspectiva única sin sacrificar por ello nada del dramatismo inherente a la escena. También de la década de 1620 son sus primeros proyectos arquitectónicos, como la fachada de la iglesia de Santa Bibiana de Roma (1624-1626) y la creación del magnífico baldaquino (1624-1633), dosel sobre el altar mayor de la basílica de San Pedro, que fue un encargo del papa Urbano VIII, primero de los siete pontífices para los que trabajó
Este proyecto, obra maestra de ingeniería, arquitectura y escultura, fue la primera de una serie de obras monumentales para la basílica de San Pedro. Más adelante realizó las tumbas de Urbano VIII (1628-1647) y Alejandro VII (1671-1678), ambas en la basílica de San Pedro, que, al incorporar figuras tridimensionales en actitud dinamica, difieren notablemente del enfoque puramente arquitectónico de los sepulcros realizados por artistas anteriores. En la colosal Cátedra de San Pedro (la silla gestatoria, 1657-1666), en el ábside de la basílica, utilizó el mármol, el bronce dorado y el estuco en una espléndida composición en movimiento ascendente, que adquiere un mayor dramatismo con la ventana oval de oro que tiene en el centro y que se convierte en el punto focal de toda la basílica. Bernini fue el primer escultor que tuvo en cuenta el dramatismo potencial de la luz en los grupos escultóricos. Esto se evidencia aún más en su famoso Éxtasis de santa Teresa (1645-1652, Santa Maria della Vittoria, Roma), donde los rayos del sol, surgidos de una fuente invisible, iluminan a la santa en trance y al ángel sonriente que está a punto de traspasarle el corazón con una flecha de oro. Los numerosos bustos que realizó expresan un sentimiento análogo de convincente rea dramático, tanto los de carácter alegórico como El alma condenada y El alma salvada (ambas de aproximadamente 1619, Casa de España, Roma), como los que eran retratos, por ejemplo el del Cardenal Scipione Borghese (1632, Galería Borghese) o el de Luis XIV de Francia (1665, Palacio de Versalles). Dentro de las obras arquitectónicas no religiosas de Bernini se incluyen proyectos para diversos palacios: el palacio Ludovisi (actualmente palacio Montecitorio, 1650) y el palacio Chigi de Roma (1664), así como unos diseños para el Louvre, proyecto que no llegó a ejecutarse y que presentó a Luis XIV en 1665, durante una estancia de cinco meses en París. Bernini proyectó también tres iglesias: la de Castelgandolfo (1658-1661) construida sobre planta de cruz griega, y la de Ariccia (1662-1664) con planta circular.
La tercera es su mayor logro dentro de la arquitectura religiosa: el templo de San Andrés del Quirinal (1658-1670) de Roma se construyó sobre planta oval con un porche ovoide que se extiende por delante de la fachada, reproduciendo los ritmos interiores del edificio. El interior, decorado con mármol oscuro de diferentes colores, tiene una bóveda oval decorada en blanco y oro. También son de la década de 1660 la Scala Regia (Escalera real, 1663-1666), que conecta las habitaciones papales del palacio del Vaticano con la basílica de San Pedro, y la magnífica Plaza de San Pedro (diseñada en 1667), que enmarca la entrada a la basílica dentro de un espacio oval dinámico formado por dos columnatas semicirculares. Entre las fuentes de carácter escultórico diseñadas por Bernini destaca la espectacular Fuente de los cuatro ríos (1648-1651) en la Piazza Navona. Bernini ejerció su actividad prácticamente hasta su muerte, el 28 de noviembre de 1680. Su última obra, El busto del Salvador (Museo Chrysler, Norfolk, Virginia), presenta una imagen de Cristo sobria y contenida que hoy día ha sido interpretada como la actitud de calma y resignación de Bernini ante la muerte.


FRANCESCO BORROMINI (Bissone1599 - Roma 1667)



Excepcional arquitecto italiano del s. XVIII padre de la arquitectura barroca en sus más atrevidas formas. Su obra considerada excéntrica por sus contemporáneos romanos, dejó escasa huella en la Ciudad Eterna, pero ejerció, en cambio, un extraordinario influjo en el norte de Italia (Guarini), influjo que se extendió a toda Europa durante la siguiente centuria. Vittone en Savoya, Meissonnier en Francia, Galli Bibiena en Austria, J. M. Fischer y Neumann en Alemania, Bonavia y Ventura Rodríguez en España, y Ludovice (Ludwig) en Portugal, fueron los principales imitadores y propagadores de su estilo.
Francesco Catelli, llamado Borromini, quizá por su apellido materno, nació el 25 agosto 1599 en Bissone, a orillas del lago Lugano. Su padre, Gian Domenico Catelli, era un arquitecto de mediano talento, cuya obra es casi desconocida. De los nueve a los 15 años vivió en Milán, en donde aprendió a esculpir la madera y a labrar la piedra y el ladrillo. Precisamente esa formación constructiva en contacto directo con los materiales más variados fue decisiva en la expresión de su arquitectura, surgida no tanto deteorías cuanto a partir de los problemas prácticos y técnicos que la construcción misma iba planteando, y en la que lo decorativo está de tal manera fundido con lo estructural que raras veces se ha producido una fusión tan perfecta en la historia de la arquitectura. Desde 1614 le vemos trabajando en Roma, primero a las órdenes de su lejano pariente, Carlos Maderno, y luego junto a Bernini, como humilde cantero y ayudante de tracista en las fábricas de S. Pedro del Vaticano y del palacio Barberini. En el primer edificio se le atribuyen unas rejas de la cripta subterránea, y en el segundo unas ventanas de guarnición todavía manierista.
A partir de 1632, abandona la tutela berninesca y se pone a trabajar por su cuenta, iniciando aquella revolución en los medios estructurales y expresivos que, mal comprendida por sus contemporáneos y luego por los tratadistas del neoclasicismo, conduciría a la ruptura definitiva con lo clásico y a la plena verificación del concepto barroco en la arquitectura. Vivió desde entonces devorado por el deseo de encontrar la verdad arquitectónica, tanto que en este aspecto ha sido comparado con Caravaggio, quien pocos años antes adivinó la verdad pictórica. Le atormentaba igualmente el temor de una ejecución imperfecta; de ahí que compusiera multitud de dibujos sobre una misma obra antes de intentar una síntesis definitiva de los elementos barajados. Tales dibujos vienen a ser como variantes sinfónicas de un mismo tema y ocupan mayor espacio que su obra realizada; fueron coleccionados después de su muerte y grabados por V. Spada con el título Opera del cavalier F. Borromini. Obsesionado por los problemas que le planteaba su profesión, fue un hombre huraño y reconcentrado que, a diferencia de su rival Bernini, despreciaba la vida de sociedad y el cortejo adulador de admiradores y discípulos, lo mismo que en arte desdeñaba los convencionalismos de toda clase. Vivió célibe y un día, el 2 julio 1667, en un arrebato de locura, se suicidó clavándose una espada, pero, recobrada la lucidez como otro Don Quijote, antes de morir pidió perdón a las autoridades. Fue sepultado en la iglesia de S. Juan de los Florentinos de Roma.
La obra madura de Borromini es totalmente original y no es fácil encontrar sus precedentes. En detalles aislados, pero no en su conjunto, siguió a Miguel Ángel, a quien profesó ilimitada veneración. De 1633 data su primera construcción importante: la iglesia y el claustro de s. Carlino alle Quattro Fontane. El interior de la iglesia pasó por sucesivos planos, desde un primer boceto de planta de salón con capillas laterales hasta la planta fusiforme definitiva, en que la elipse central de la cúpula se expansiona por sus extremos mayores y menores en nuevos sectores ovales para albergar las capillas. En realidad, Borromini partió del concepto clásico de un espacio central copulado, subordinando otros espacios menores colocados en sus ejes, pero lo revolucionó hasta convertirlo en algo radicalmente nuevo. La originalidad se encuentra en que Borromini no procede a multiplicar los espacios resultantes de ello, articulándolos en ejes convergentes hasta conseguir una ampliación naturalística de la perspectiva, sino todo lo contrario. Los espacios elipsoidales resultantes se interpenetran, no se articulan, dejando sin definir sus zonas de contacto, de manera que no se sepa dónde acaba el uno y comienza el otro. Los ejes no convergen en un espacio único, sino divergen en espacios múltiples, de donde resulta más que una perspectiva naturalista, una perspectiva ilusionista conseguida por vía de idealización del espacio. La decoración se acompasa al mismo concepto, y así se percibe apiñada y compacta, a modo de celdas de abeja, en la elipse central de la cúpula, para esponjarse a manera de aire liberado en los limpios casetones de las bóvedas de las capillas. La fachada de s. Carlino, realizada años más tarde, en 1662, es también radicalmente original y ajena al modo de ser de otras fachadas barrocas romanas contemporáneas. Sus sectores cóncavo-convexos, totalmente ínterpenetrados, se convierten en puro movimiento ininterrumpido y continuo, así como con sus originales volúmenes, desarrollados a partir de un motivo geométrico. Sin embargo, nunca rechazó el estudio de los modelos clásicos, incorporando a su obra rasgos de la arquitectura antigua y de la renacentista. La influencia de las ideas de Miguel Ángel fue importantísima, como el mismo arquitecto explicó en su tratado Opus architectonicum (1648.
Su decoración, por otra parte, no tiene un sentido aditivo, sino de totalidad, como si la estructura surgiera de la decoración y no ésta de la estructura. Para ello Borromini ha utilizado los órdenes de columnas como un elemento decorativo más, sin ocultarlo lo más mínimo según hacían convencional e hipócritamente los demás arquitectos del barroco romano. El movimiento frontal en fuga que parece prolongarse hasta el infinito por los extremos, encuentra un escape vertical en el frontón anticlásico que surge como una llamarada diluyéndose en el aire. En la fachada del Oratorio de s. Felipe Neri, ejecutada a partir de 1637, se expresa idéntico principio de puro movimiento continuo, aunque con menos violencia. Borromini utilizó para construirla no mármol ni travertino, sino ladrillo, renovando la antigua técnica de los romanos de hacer con este material no sólo los entrepaños murales, sino también las partes de relieve arquitectónico más delicadas. Es imposible enumerar aquí las novedades que Borromini introdujo al hacer estas pequeñas formas, como guarniciones de puertas y ventanas, edículos, templetes, capiteles, etc. Rehuyendo además la policromía del mármol y otros materiales nobles, Borromini aprovechó el ladrillo, al que recubría de una capa de estuco, para obtener efectos lumínicos muy puros y contrastados. Así el campanario de S. Andrea delle Fratte (1654) es todo él de ladrillo enfoscado, y a la maleabilidad de dicho material se debe el que el artista creara esta sorprendente obra, donde no se sabe cuándo termina la arquitectura y comienza la escultura. De estructura filiforme, asciende en el espacio hasta diluirse en él variando continuamente de forma. Con estos edificios hechos para humildes congregaciones religiosas, alternan los encargos papales.
En 1642 emprendió Borromini la construcción de la capilla de la Universitaria romana de S. Ivo alla Sapienza, su segunda obra maestra después de S. Carlino. La compleja planta se integra por dos triángulos superpuestos que originan una estrella de seis puntas. Cada una de estas puntas debería haberse cubierto con su propia bóveda, dejando, como en S. Carlino, un espacio central de forma hexagonal para recibir una cúpula de seis paños. No sucedió así, sino que Borromini se superó a sí mismo. La planta se eleva primero verticalmente, dando forma a los muros de la capilla y después, reduciéndose escalonadamente con prodigiosa técnica, continúa su ascensión para formar la caja cupuliforme y la linterna.
Resultó así una cúpula de prismas interpenetrados, que se articulan en nexos sucesivos de plenos y vacíos, de vuelos y retrocesos, de movimientos centrípetos y centrífugos que producen la impresión de que la cúpula alentase como un organismo vivo. Para sorpresa del espectador, la cúpula ofrece al exterior un aspecto diverso, cual si a la sucesión de elementos acompañara una sucesión de visiones. Ya el estrecho y armónico patio renacentista de entrada a la capilla contrasta con el fondo cóncavo realizado por Borromini; pero luego, en nuevo contraste, a dicha concavidad se opone el alto tambor de la cúpula de secciones convexas, del que sólo emerge la parte superior del casquete en forma anillada. El movimiento del anillo se continúa en la linterna, cuyo cupulín se ha sustituido por una sorprendente espiral que parece taladrar el cielo como un berbiquí. Nunca la forma «serpentinata» se había producido con tanta audacia. También la ampliación del Palacio de Propaganda Pide fue encomendada en 1647 por Inocencio X a Borromini, quien en su fachada utilizó un orden gigante de lisas pilastras que, a modo de bambalinas, hacen pasar la mirada de un plano frontal a los planos más profundos en que se adentran las ventanas de la planta noble, gracias a sus columnas sesgadas y a sus entablamentos alabeados. En mayor escala se repite este procedimiento escenográfico en el panel central, donde las pilastras y los estípites oblicuos de la puerta empujan la pared y la cornisa hacia adentro, mientras la ventana se contracurva en sentido convexo.
En la reconstrucción de la basílica de S. Juan de Letrán, encomendada igualmente por el Papa (1647-50), éste conservó la disposición basilical primitiva, pero utilizó ventanas que rasgan el entablamento, templetes de perfil ondulado y recuadros escultóricos que confieren al conjunto una pulsación viva y luminosa. En la iglesia de S. Inés, de la Plaza Navona, la superposición de manos hace de esta obra algo híbrido donde no es posible percibir en toda su pureza las genialidades de Borromini. La fachada que se le atribuye encaja bastante en el barroco ortodoxo, aunque el ondulamiento de su parte central y los campanarios de primer término, que retrotraen la situación de la cúpula, le dan un aspecto escenográfico muy bien conjugado con las proporciones de la plaza, realzando así su aspecto urbanístico.


http://www.monografias.com/trabajos16/barroco-exponentes/barroco-exponentes.shtml



Donde se formo? Que es?


Donde se formo? Que es? 

Es un periodo de la europea, que se genero en Roma a principios del siglo XVII y se extendió a mediados del siglo XVIII. 

Contexto Histórico

El término “Barroco” como concepto de estilo y de época. El sentimiento vital del Barroco.•“Theatrum mundi”, el gran teatro del mundo. Las Bellas Artes en el Barroco:•Las obras de Calderón plantean los temas del Barroco:•La interpretación ante Dios (la apariencia).•Ser y parecer, ostentación y ascetismo…•La Libertad y el destino en “la vida es sueño”.•Los últimos versos de este monólogo son los que dan nombre a la obra:




•¿Qué es la vida?



Un frenesí.



¿Qué es la vida?



Una ilusión,



una sombra,



una ficción,



y el mayor bien es pequeño,



que toda la vida es sueño,



y los sueños, sueños son.






Características generales del Arte Barroco


• La búsqueda del movimiento real, por el hecho de que se construyan edificaciones con paredes ondulada.• Intento de sugerir el infinito: Perspectiva, ilusión que crea el espacio.• La importancia de la luz y de sus efectos.• El gusto por la teatralidad, por lo escenográfico y fastuoso.• La tendencia a mezclar las disciplinas artísticas.






La Arquitectura  

 Se valió de la pintura, escultura y los estucados para crear conjuntos artísticos teatrales. 
La arquitectura barroca tuvo el objetivo de emocionar y llamar la atención del espectador.
El uso de la línea curva, tanto en las estructuras de los edificios como en la decoración.
Destaca el uso de las columnas salomónicas, que son las que están en espiral, y da una sensación de movilidad.
La utilización de efectos luminosos en los edificios a través de movimientos cóncavos convexos.
La abundancia de decoración y de adornos en las fachadas e interiores.
Riqueza de materiales, especialmente en las Iglesias, para producir una sensación de lujo, ostentación.Una de las preocupaciones del Barroco son los grandes recintos públicos urbanos. 
Es frecuente que en las ciudades más importantes se lleven a cabo plazas mayores de enorme superficie y suntuosidad.
Se dice que el estilo barroco más que un estilo de arquitectura es una forma de decoración arquitectural.


                                                                                                        Plaza San Pedro, Vaticano - Roma 



En el barroco la arquitectura va, frecuentemente, unida al urbanismo. Los edificios más representativos son los civiles, con interiores recargados de decoración, plantas complicadas y originales soluciones para las cubiertas. Emplea el orden gigante.

La ciudad se vuelve escenográfica. Es el escenario del teatro de la vida. Se crean perspectivas visuales sobre un punto de referencia, pero, también, lugares singulares, plazas y rincones acogedores. Todo ello es un reflejo del poder, ya sea este civil o religioso.

El palacio es el típico edificio de vivienda urbana para las familias poderosas. Se caracteriza por sus fachadas dinámicas, con curvas y contra-curvas, y el juego de luces y sombras, en los que se resaltan las piezas principales.

También se crean jardines. Hay un gusto por la belleza de la naturaleza mejorada y ordenada del típico jardín francés.

El hotel es un tipo de vivienda unifamiliar exenta y rodeada de jardines, cerrada con una valla, que triunfa en esta época entre la burguesía y las clases privilegiadas. Es la típica vivienda burguesa. Suele haber varias en la misma calle, con características similares.

El templo es el lugar del sermón y la eucaristía. Se trata de un sitio de representación teatral, por lo que debe tener una buena visibilidad y una buena acústica. Se impone el espacio unitario que los jesuitas, defensores de la Contrarreforma, emplearon en El Gesú, una planta de cruz latina con un gran crucero cubierto por una cúpula. Este es un espacio didáctico, la iluminación va dirigida, a través de una cúpula, hacia la zona de debajo del retablo, el cual tiene un programa iconográfico doctrinal, muy recargado, en el que se manifiesta todo el poder y la riqueza de la orden y la Iglesia Católica.

Existe una nueva concepción del espacio, las plantas adoptan formas caprichosas, en movimiento, los edificios se cargan de una decoración que invade todos los rincones. Los edificios muestran la inclinación al lujo y la riqueza.

Las características básicas de la arquitectura barroca son:

El rechazo de la simplicidad y la búsqueda de lo complejo.
El papel del movimiento y la luz, como elementos determinantes de la misma.
La creación de espacios dinámicos.
La creación de nuevas tipologías para edificios concretos.
El gusto por lo infinito, por lo teatral, y lo efectista.
La subordinación del resto de todas las artes al todo arquitectónico.
El uso de la linea curva tanto en las estructuras de los edificios como en la decoración.

utilización de materiales ricos para dar mas sensación de ostentación.




http://www.arteguias.com/arquitecturabarroca.htm
http://enciclopedia.us.es/index.php/Arquitectura_barroca